Manifiesto sobre la Lealtad

Manifiesto sobre la Lealtad

“El Movimiento Peronista es de todos los que lo formamos y dependemos. Y allí radica el derecho que cada peronista tiene de sentir y de pensar para el beneficio común, como lo establece un viejo apotegma peronista: "Que todos sean artífices del destino común, pero ninguno instrumento de la ambición de nadie". Los hombres que vengan al peronismo deben hacerlo con la voluntad decidida de poner todos los días algo de su parte para ennoblecerlo y dignificarlo.”

Juan Domingo Perón

 La celebración del Día de la Lealtad, como hito fundacional del Peronismo nos priva muchas veces de observar la utilización que ha tenido el término a lo largo de estos años, tal vez resignificándola semánticamente en el imaginario colectivo desde el albor de su origen.


Ese día 17 de Octubre de 1945 la clase obrera, hasta entonces sin protagonismo en la vida política nacional, sale a la calle de forma espontánea para reclamar la liberación de Perón, el ex secretario de Previsión y Trabajo que había sido encarcelado por el gobierno de entonces. La historia es más rica y en ella se define a un movimiento político que por primera vez le da voz y protagonismo esencial a la clase obrera, que encuentra en Perón al líder esperado.


Desde allí, la lealtad tuvo un valor político incondicional que a través de los años algunos supieron conservar con la positividad de su significancia; otros en cambio fueron desplazándolo para sostener el servilismo incondicional que los mantenga en el poder, alejándolo como concepto de los argumentos que lo vieron nacer.


La Lealtad surgida hacia Perón por parte del pueblo obrero, cuando este cayó preso, recorría un camino de ida y vuelta que desembocaba en un círculo de carácter virtuoso con lazos invariables que a partir de allí se trasformaron en la génesis del Peronismo y del movimiento obrero organizado. Ambos se retroalimentaron y fueron grandes en función del otro.


Hoy la palabra “Lealtad” pretende ser adaptada por algunos de aquella idea enriquecedora hasta encajarla sinonímicamente con sometimiento, obsecuencia, genuflexión. Lealtad demanda acompañamiento, movilización, respaldo pero no puede exigirle a nadie ir en contra de los principios personales o colectivos, renunciar a los ideales ni detener sus aspiraciones naturales de superación. Todo dentro de un cuadro orgánico que respete su doctrina primigenia.


Al parecer hoy Lealtad fue cercenada de su doble mano enriquecedora y desde esa amputación transita unidireccionalmente desde abajo hacia arriba y ya no regresa con la reciprocidad necesaria para alentar una relación que pueda sobrevivir a las contingencias. Lealtad jamás puede ser tomada por conveniencia.


Lealtad refiere a la irrenunciable convicción de la correspondencia entre dos sujetos, un sujeto y una fuerza social, o dos fuerzas sociales; se opone a toda idea de “traición” pero “traición” vista y referida desde los dos vértices de la relación.


Relegar a un compañero, por la miseria humana de la competencia, transita hacia la calle de la traición y no por la avenida de la Lealtad y deviene en aceptar la fuerza colectiva de todo movimiento militante como eje precursor de las victorias electorales y despojados de los protagonismos personales que entre alianzas y egoísmos puestos en juego concluyen por resignar nombres, desde la concepción de amplitud por encima de la Lealtad de quienes trabajan y acompañan desde la primera hora.


Aquellos que eligen abandonar este proyecto por conveniencia –de cualquier índole- sin recorrer los caminos orgánicos para canalizar reclamos y lograr los cambios necesarios son traidores y así deben ser considerados. Pero aquél que teniendo a un compañero a su costado elige a otro, aduciendo la razón que sea, también es un traidor, también transita recurrentemente por caminos sin retornos que tarde o temprano colisionarán contra la realidad y la historia partidaria tarde o temprano lo juzgará.


Lealtad exige un compromiso constante y renovado; Lealtad significa renunciamientos personales y humildad; Lealtad implica valorización de las oportunidades y gratitud; Lealtad demanda gestos de grandeza y muestras de reconocimientos mutuos; Lealtad debe transitar por una avenida ancha e iluminada donde todos los fundamentos estén claros y nadie se cobije en excusas, ocupe el cargo que ocupe.

La Primera Lealtad es para con la Patria, la segunda es con el Movimiento y la tercera es para con los Compañeros. Juntas deben coexistir para no encapsularse en los personalismos incongruentes y exige saber despojarse de las investiduras circunstanciales entendiendo que no existe privilegios dentro del Peronismo.