“#NiUnaMenos” y el día después
Por Raúl Ernesto Valobra (escrita en el año 2016)
Cuando se prepara toda la sociedad hacia una movilización sin precedentes se me ocurre pensar también en lo que quedará luego de que hoy marchemos todos por el lema: “#NiUnaMenos”, qué cosa nos dejará una vez que culmine la impresionante puesta escénica como para hacer visible una situación heredada e irreductible.
Esta época que nos toca vivir visibiliza instantáneamente cualquier problemática que se instala en la agenda social y recogen los medios de comunicación, en ese recorrido, pero también se asiste a la fugacidad de las noticias cuando dejan de tener el rango de “noticiables” como para merecer estar en la agenda mediática. Es por esto que es necesario generar una nueva conciencia colectiva en la que se redefinan las relaciones humanas más allá de los géneros y en la que se deje de lado el machismo inherente a la cultura en la que nos formamos.
La Matriz desde donde nos sumamos al contexto social está infectada desde su origen y designa papeles y roles determinados dentro de su seno que terminan siendo el caldo de cultivo en el que prospera la violencia de género. Desde los derechos patriarcales concedidos en nuestra génesis como una razón de la creación que emana -según una caprichosa interpretación de la concepción divina- como una energía vinculada a lo masculino.
Las relaciones sociales tienen un basamento sexista que establece un carácter dominante del género masculino más allá de las circunstancias en la que acontece la interacción social con la dinámica propia en la que se repiten conductas sistémicas permitidas. Existe una elaboración de prejuicios con los que se castiga y delimita al género femenino que luego son tomados como virtudes en el masculino para exaltar un machismo vinculado a lo sexual, que denota asimetrías en las normas de convivencias escogidas para la regulación de la sociedad y que naturaliza la violencia de género.
El Justicia transita este tiempo de cambios positivos con su doble moral ligada a la hipocresía que por un lado pretende castigar toda conducta violatoria de los derechos femeninos y que por el otro rechaza derrumbar el edificio que sostiene la permisividad de la agresión minimizando las condenas pero principalmente negando la posibilidad de cambiar la legislación en la que se enmarca. La violencia de género tiene su raíz en el medio en el que el individuo se desarrolla y que influye definitivamente en la conformación final del sujeto ya que absorbe de la cultura la sustancia vital que lo nutre.
Que “#NiUnaMenos” no sea un día de maquillaje superfluo en nuestras vidas para luego volver a la inercia social en la que se contempla la impunidad de la violencia de género que delata la inequidad del trato cotidiano -en el entramado social- al que se somete a la mujer por un ejercicio básico de la fuerza que el hombre es capaz de ejercer al amparo de las leyes vigentes.
Es un día para recordar, para reconocernos con la capacidad para transformar una problemática de género y convertirla en una cuestión fundante que debe transmitirse no solo como eje de la educación sino que debe atravesar cada esfera de la realidad. Lo de hoy es tan solo un gesto, será importante decodificar mañana el mensaje que juntos habremos podido dar: Mujeres y Hombres.













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