Sumar desde cualquier lugar

Sumar desde cualquier lugar

Lic. Raúl E. Valobra

Sumemos. Que todo lo que hagamos sea para sumar. Y que se entienda que lo que suma no siempre es la obediencia irrestricta ni la obsecuencia irracional. También se puede sumar en el disenso, en la alternativa, que es un modo enriquecedor de proponer algo que pueda resultar superador.

Hay una necesidad extrema de exhibir “el acatamiento total” en cuestiones que van desde lo trivial a lo complejo, por parte de quienes también son presentados como cuadros políticos, funcionarios, que atraviesan el campo social con una extensa trayectoria en la mayoría de ellos y ellas.

Pero los vence el miedo a equivocarse, a tomar posición, a tener presencia, a mostrar personalidad, impronta y entonces se quedan bajo el ancho manto que el poder tiende sobre ellos para cubrirlos, sin que suela molestarles no saberse protagonistas, ni siquiera en una pequeña decisión.

Esto que digo no señala que sean malos en lo que hacen ni mucho menos, es solo una característica que se observa, la reverencia absoluta, para con quienes mandan y deciden, algo que bien puede pasar pero que también podría no pasar, sin embargo, no hay atisbos de rebeldías ni de idealismos.

Es triste ver que el territorio político no haga florecer idealistas ni idealismos y que solo prosperen meros administradores, los burócratas que apenas entienden al Estado como una fuente de empleo y no como una poderosa herramienta de transformación que busca plasmar las utopías políticas.

Sin soñadores ni idealistas, el conjunto se enfoca en darle continuidad a lo establecido, sin refutaciones ni discrepancias, ya que nadie expresa necesidad de cambio, porque no lo sienten, no les nace, temen y el temor es una gran tijera que corta las alas de aquellos miran el cielo y amagan con volar

Dicen que Francia en la posguerra tomó para formar parte del Estado a miembros de la heroica resistencia, aquellos que combatieron contra la ocupación nazi, porque ellos representaban el carácter nacionalista y el espíritu de lucha inclaudicable que necesitaban para recobrar el esplendor.

Sumemos, desde cualquier lugar, desde donde nos toque, despojados de miedos, no hay peor fracaso que no hacer nada por temor a equivocarse y atrévanse a mostrar otra postura, sin amilanarse, porque los más peligrosos en un espacio político son aquellos que callan, se esconden y no se les conoce la voz.